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El diccionario de la Real Academia de la Española de la Lengua contiene la definición:

 

Amistad: afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato.

 

Este concepto llevado a las nuevas tecnologías ha ido perdiendo parte de su significado. Tenemos amigos por todas partes, no importa en donde nos guste movernos. En Facebook tendremos amigos, en twitter nos convertiremos en seguidores, contactos profesionales en LinkedIn, en Google+ nos meten en círculos… ,

Cómo dice Keké en este genial monólogo sobre redes sociales, nos convertimos en Agregados. Una nueva definición para la amistad en internet.

La intención inicial de las Redes Sociales, con Facebook a su cabeza, es la de facilitar la posibilidad de compartir todo de tipo de contenido con las personas que lo haríamos normalmente. Lo que antiguamente se hacía tomando un café y enseñando los álbumes de fotos pasa a ser tan sencillo como añadir una imagen en tu red social favorita.

 

¿la amistad en internet es amistad verdadera?

 

Algunas personas han convertido este nuevo concepto de amistad en algo demasiado nimio coleccionando innumerables personas en sus perfiles y mostrándonos fotografías o vídeos que en ocasiones sería aconsejable que no vieran ni los más cercanos.

Desde la llegada de Google+ y las constantes modificaciones de Facebook en cuanto a privacidad, es más fácil decidir cuáles de nuestros contactos van a tener acceso al contenido que compartimos con lo que se puede controlar mejor la difusión de ciertas imágenes, vídeos o enlaces interesantes.

Ahora más que nunca mantenemos la amistad con las personas que decidimos. Es sencillo retomar el contacto con cualquier persona de nuestro pasado, compañeros de colegio, o de un antiguo empleo. Gracias a aplicaciones como WhatsApp o plataformas como Skype podemos hablar de manera casi gratuita con todas las personas que decidimos y la elección de qué personas forman parte de nuestro entorno es totalmente de cada uno y no de sus circunstancias.

Esto que puede suponer una ventaja, para algunas personas se convierte en un auténtico caos de comunicaciones, confundiendo y entremezclando vida profesional y personal. Fácilmente entramos en un bucle infinito: en el trabajo estamos comunicando con personas de nuestra vida personal; y más tarde en nuestro tiempo de ocio continuamos hablando de trabajo.

¿Cuántas veces habéis compartido un momento con alguien más pendiente de sus mensajes que de lo que sucede a su alrededor?

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